Ø Destacado científico austriaco, además de físico fue filósofo y psicólogo.
Ø En sus labores investigativas logro establecer importantes principios para la óptica, la acústica, la mecánica y la dinámica ondulatoria.
Ø Su investigación se refiere principalmente a la acústica y la óptica.
DATOS BIOGRAFICOS:
ü Nació el 18 de febrero de 1838 en la ciudad de Turas, región de Murovia en el imperio austriaco.
ü Hasta la edad de 14 años, fue educado en casa por sus padres con educación superior.
ü A los 17 años inicio sus estudios en la universidad de Viena.
ü Recibió su doctorado en física en 1860.
ü En 1864 fue nombrado profesor de matemáticas de la Universidad de Graz.
ü En 1873 desarrollo las Técnicas Ópticas y luminosas de medición y propagación de las Ondas Electromagnéticas.
ü En 1877 nombrado profesor de física experimental en la Universidad Charles de Praga.
ü En 1893 hace los estudios sobre la Aerodinámica para las altas velocidades.
ü Descubrió que la relación entre la velocidad a la que se desplaza el cuerpo y la velocidad del sonido es un factor físico de gran importancia.
ü Estudió los fenómenos psicológicos de las sensaciones y las percepciones, y realizó importantes trabajos en balística.
ü Fue partidario de que la ciencia debería restringirse a la descripción de fenómenos que pudieran ser percibidos por los sentidos.
ü sus escritos contribuyeron a liberar a la ciencia de conceptos metafísicos y ayudaron a establecer una metodología científica que preparó el camino para la teoría de la relatividad.
ü Fue profesor de filosofía de la Universidad de Viena y Praga desde 1864 hasta 1901.
ü En 1901 le produjo un parálisisparcial, por lo que abandonó la Universidad, A pesar de ello fue elegido en el parlamento austríaco y ejerció su cargo durante doce años.
ü Fallecido el 19 de febrero de 1916 en Múnich – Alemania.
OBRAS:
En dicha Universidad de Praga publicó las primeras obras, que, junto a Avenarius, pero con mayor importancia dentro de la cultura científica contemporánea, le valieron la fama de creador de una nueva tendencia filosófica, el "empirocriticismo".
A este período corresponden guía para la física (Praga, 1881, en colaboración), las contribuciones al análisis de las sensaciones (Jena, 1886), estudios preparatorios de lo que habría de ser considerado su principal texto filosófico, y, sobre todo, la importante obra "La mecánica en su desarrollo histórico-crítico", donde el nuevo punto de vista empirocrítico aparece aplicado con gran competencia y conocimiento de los fundamentos de la ciencia física.
Otras obras
v Die mechanik in ihrer munch (1886).
v Entwichlung historirish kritishdargestelt (1896).
v Beitragezuranalize der emnfindunger (1903).
v Conocimiento y error (1905).
v Y su obra maestra filosófica “análisis de las sensaciones”.
APORTES INTELECTUALES:
Aportes a la Física:
Mach estudió sobre todo la física de fluidos a velocidades superiores a la del sonido, y descubrió la existencia del cono que lleva su nombre. Se trata de una onda de presión de forma cónica que parte de los cuerpos que se mueven a velocidades superiores a la del sonido. Descubrió que la relación entre la velocidad a la que se desplaza el cuerpo y la velocidad del sonido es un factor físico de gran importancia. Dicho factor se conoce con el nombre de número de Mach, en su honor. Una velocidad de Mach 2,7 significa que el cuerpo se mueve a una velocidad 2,7 veces superior a la de propagación del sonido.
Empiriocriticismo:
Como filósofo rechazó de forma contundente toda metafísica y religiosidad convirtiéndose por ello en uno de los representantes más destacados del positivismo. Sostuvo que para la ciencia no hay declaración admisible a menos que ella sea empíricamente comprobable. Con Richard Avenarius creó la corriente denominada empiriocriticismo (crítica de la experiencia). Se propusieron "limpiar" la concepción de la experiencia de los conceptos de materia (substancia), necesidad y causalidad, que concibieron como apercepciones apriorísticas (conceptos intelectivos) legítimamente asignados a la experiencia. Consideraron que la ley fundamental del conocimiento es la economía del pensar.
Óptica geométrica:
§ Principios de la teoría cuántica de la luz.
§ Variaciones de las ondas luminosas al pasar por objetos dicroicos.
§ Cambios de las longitudes de ondas.
Efecto de mach:
Proceso d en industrialización:
• Cada proceso de industrialización tiene características distintas.
• El éxito del proceso Industrializador depende del desarrollo de nuevos métodos de producción.
• División del trabajo en la industria.
Positivismo tradicional:
• El espíritu humano debe renunciar a conocer el ser mismo de las cosas y contentarse con verdades sacadas de la observación y de la experiencia.
• Considerar a la metafísica y la teología como sistemas de conocimientos imperfectos e inadecuados.
• Los dos componentes principales del positivismo la filosofía y el gobierno están bajo la concepción de una religión de la humanidad.
• Existen métodos diversos para el análisis conceptual, algunos de ellos están dirigidos sobre todo a aclarar el significado de palabras o frases específicas como paso esencial para realizar afirmaciones filosóficas claras y precisas, otros buscan determinar las condiciones generales que deben darse para que una declaración conceptual tenga sentido y su propósito es establecer un criterio que diferencie entre los conceptos significativos y los absurdos.
• Además propugno la idea que todo el conocimiento es una organización conceptual de los datos que son verificables y que se obtienen a través de la experiencia sensorial o de la observación.
-Se distancio de las tradicionales ideas positivistas de Comte.
-El principio de verificación en sí mismo es inverificable en el campo filosófico.
-La actividad de la filosofía es aclarar el lenguaje .su objeto es resolver los problemas filosóficos los cuales afirmaba se originan de la confusión de términos para ello se debe realizar análisis lingüísticos.
APRECIACION CRÍTICA:
Fue un científico que aporto mucho en aspecto de la física ya y principalmente en la óptica y en el aspecto de las ondas cortas y largas, también en la filosofía su teoría nos ayudo a realizar un análisis lingüística
Ø Fue un filósofo, lógico y científicoestadounidense, Es considerado el fundador del pragmatismo y el padre de la semiótica moderna.
Ø Su formación fue eminentemente científica.
Ø ha sido considerado como un pensador independiente de la filosofía de su época.
Ø También fue considerado el más grande filósofo americano.
DATOS BIOGRAFICOS:
ü Pertenecía a una de las familias más destacadas del entorno intelectual, social y político de Boston, Sus padres fueron Sarah y Benjamín Peirce era un reconocido matemático y astrónomo.
ü Charles estudió desde muy pequeño matemáticas, física y astronomía.
ü En 1855 comienza sus estudios en Harvard, donde se gradúa en químicas en 1863. Dos años más tarde comienza a trabajar como asistente de investigación en el UnitedCoast and GeodeticSurveyde los Estados Unidos, actividad que desarrollará durante treinta años.
ü nunca logró tener una posición académica permanente a causa de su difícil personalidad y del escándalo que rodeó a su segundo matrimonio después de divorciarse de su primera mujer, MelusinaFay.
ü En 1887, cuando sólo contaba 48 años, se traslada a Milford Sara F. Barrena (Pensilvania), donde vive retirado junto a su segunda esposa JulietteFroissy durante veintisiete años.
ü Peirce escribió la mayor parte de las 80.000 páginas de manuscritos que dejo a su muerte y que su esposa vendió a la Universidad de Harvard.
ü Falleció el 19 de abril de 1914 (74 años) en Milford, Pensilvania estados unidos donde fallece de cáncer después de 26 años de escritura intensa y prolífica. No tuvo hijos.
OBRAS:
APORTES INTELECTUALES:
Pragmatismo:
La independencia y creatividad del pensamiento peirceano está marcada en primer lugar por una nueva corriente filosófica de la que se le considera fundador: el pragmatismo. El pragmatismo, que nace como un método lógico para esclarecer conceptos, llegó a convertirse quizá en la corriente filosófica más importante en Norteamérica durante el último tercio del siglo XIX y el primero del XX. Su origen puede situarse en las reuniones del Cambridge Metaphysical Club, que Peirce había creado junto a otros intelectuales entre 1871 y 1872, mientras que los primeros textos escritos relativos al pragmatismo se publicaron en 1878 bajo el título genérico de “Illustrations of theLogic of Science”. El propio William James, miembro también de ese Club Metafísico, señalaría posteriormente a Peirce como padre de esa corriente de pensamiento.
La máxima original del pragmatismo afirma:
Considérese qué efectos, que pudieran tener concebiblemente repercusiones prácticas, concebimos que tiene el objeto de nuestra concepción. Entonces nuestra concepción de esos efectos es la totalidad de nuestra concepción del objeto.
El pragmatismo es por tanto un método según el cual el significado de una concepción intelectual viene determinado por las consecuencias prácticas de ese concepto. Para Peirce el reconocer un concepto bajo sus distintos disfraces o el mero análisis lógico no son suficientes para su comprensión.
El pragmatismo propugna que las teorías deben estar unidas a la experiencia y permite solventar las confusiones conceptuales relacionando el significado de los conceptos con las consecuencias prácticas. De esa manera, implica la aplicación del exitoso método de las ciencias a las cuestiones filosóficas. El método pragmatista permite clarificar conceptos como “realidad” o “probabilidad”, permite mostrar cómo podemos alcanzar conclusiones verdaderas en la investigación y permite afirmar que no hay nada incognoscible que no pueda establecerse aplicando el método de la ciencia.
El pragmatismo de Peirce está lejos tanto de otras interpretaciones incorrectas que se han hecho de él como de la noción vulgar de pragmatismo, que enfatiza la búsqueda del beneficio, la utilidad o la conveniencia política. El mismo Peirce quiso desmarcarse en vida del camino erróneo que el pragmatismo había tomado en manos de otros, que lo habían convertido en una doctrina de carácter metafísico. Por ese motivo trató en sus últimos años de clarificar el significado de su máxima original hablando entonces de las consecuencias prácticas que podrían “concebiblemente” resultar de una concepción. Ese énfasis en el orden de lo posible resulta fundamental para comprender el pragmaticismo no como una teoría de lo práctico, sino como un método que abre posibilidades de acción que se convierten en el único modo de clarificar los conceptos y generar creencias. En 1905 Peirce se vio obligado a cambiar el nombre de “pragmatismo” por el de “pragmaticismo” para evitar esas confusiones.
En los últimos años estamos asistiendo a un resurgir del pragmatismo, como certeramente ha señalado Bernstein, marcado por un creciente interés hacia los pragmatistas clásicos y por una narrativa más sutil y compleja: «El legado pragmático tiene riqueza, diversidad, vitalidad y poder para ayudar a clarificar y para proporcionar una orientación filosófica al tratar con los problemas teóricos y prácticos con los que nos enfrentamos actualmente». Hilary Putnam y Richard Rorty podrían considerarse como las figuras centrales de ese cambio.
Teoría de las categorías y fenomenología:
Peirce estuvo interesado durante gran parte de su vida en la cuestión de la clasificación de las ciencias. Dentro de esa clasificación Peirce coloca, entre las llamadas ciencias del descubrimiento o heuréticas, aquellas encaminadas al descubrimiento de la verdad: las matemáticas, la filosofía y lo que él denomina “ideoscopia” o ciencia especial que se ocupa de la acumulación de nuevos hechos. Dentro de la filosofía, Peirce sitúa a su vez a la fenomenología, las ciencias normativas y la metafísica. La fenomenología, que Peirce denomina en ocasiones “faneroscopia”, es por tanto la primera división y tarea de la filosofía, ya que consiste en la contemplación de los fenómenos universales para discernir sus elementos más generales, esto es, los elementos presentes e irreducibles en cualquier experiencia. Para Peirce esos elementos son tres: Primeridad, Segundidad y Terceridad. Todos los elementos de la realidad, del pensamiento y de la experiencia pueden clasificarse en fenómenos monádicos, diádicos o triádicos.
La tríada de categorías peirceanas, a las que Peirce también se refiere en ocasiones como Cualidad, Reacción y Mediación, vertebran todo su pensamiento y aparecerán una y otra vez en su explicación del universo, de los signos y de todo cuanto existe. Las categorías tal y como Peirce las concibe no organizan los fenómenos sino que se refieren a aspectos presentes en todos ellos: son condiciones de inteligibilidad por las cuales las cosas pueden ser distinguidas y conocidas. Las tres categorías siempre se presentan a la consciencia entremezcladas, aunque puede haber alguna que sea dominante. No pueden existir en estado puro, sino que se llega a ellas a través de algún proceso de abstracción.
La categoría de Primeridad consiste en independencia de cualquier otra cosa, es pura variedad, posibilidad, indeterminación. Peirce trata de describir sus rasgos más obvios del siguiente modo: «es lo primero, presente, inmediato, fresco, nuevo, inicial, original, espontáneo, libre, vívido, consciente y evanescente. Sólo recordad que cada descripción de ella debe resultar falsa para ella». La primeridad es lo completamente separado de toda concepción o referencia a algo más, como por ejemplo un dolor o la cualidad de ser rojo considerados en sí mismos y sin referencia a ninguna otra cosa, ni siquiera al sujeto que los experimenta.
La categoría de Segundidad consiste en aquello que es relativo a algo, es decir, se refiere a cualquier interacción que envuelve dos elementos. Esta categoría implica siempre una idea de dependencia, de acción y reacción. Es, por ejemplo, la que predomina en las ideas de causación o fuerza estática, ya que causa y efecto son dos y las fuerzas estáticas ocurren entre pares.
La terceridad es la categoría de aquello que es mediación entre otros dos, siendo esa mediación un elemento irreductible a ninguno de los otros dos. La terceridad es el poder de relación que convierte la estructura diádica anterior en una forma más alta de racionalidad. Es siempre de la naturaleza del pensamiento o de la ley, y es general por naturaleza. La terceridad es la categoría más rica y compleja, y la más importante para la vida creativa del yo y del universo en desarrollo, aunque no puede considerarse separadamente de las otras dos pues cada categoría depende de las anteriores, ni puede tampoco reducirse a ellas.
Semiótica:
Peirce ha sido considerado como “padre” de la semiótica. Puede decirse que una serie de tres artículos publicados entre 1867 y 1869, junto con la recensión de la nueva edición de las obras de Berkeley que publica en 1871, marcan el inicio de los estudios modernos de la semiótica, cuyas ideas esenciales Peirce fue desarrollando durante el resto de su vida. Los frutos de su concepción triádica del signo todavía se obtienen en nuestros días.
La semiótica peirceana proporciona una teoría general completa del significado y la representación. Para Peirce todo lo que existe es signo, en cuanto que tiene la capacidad de ser representado, de mediar y llevar ante la mente una idea, y en ese sentido la semiótica es el estudio del más universal de los fenómenos y no se limita a un mero estudio y clasificación de los signos. También nuestros pensamientos son signos y por eso la lógica en sentido amplio no es «sino otro nombre para la semiótica, la cuasi-necesaria o formal doctrina de los signos».
La semiótica de Peirce parte de la convicción de que la significación es una forma de terceridad. La relación sígnica es irreductiblemente triádica y tiene siempre tres elementos: signo, objeto e interpretación. Peirce da la siguiente definición de signo:
Un signo o representamen es algo que está por algo para alguien en algún aspecto o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o quizás un signo más desarrollado. A ese signo que crea lo denomino interpretante del primer signo. El signo está por algo, su objeto.
De este modo Peirce añade a la definición clásica de signo como algo que está por otra cosa una referencia a la mente. Lo que Peirce denomina “interpretante”, que es a su vez un nuevo signo al que el objeto da lugar en la mente del que usa el signo, supone la mediación entre el signo y el objeto, cumpliéndose de esa manera la función propia del signo. Si el signo no tuviera la capacidad de producir esos pensamientos interpretantes en una mente, no sería significativo.
De esta manera, un signo da lugar a otro en un proceso ilimitado. A esa acción del signo que envuelve siempre tres elementos Peirce la denominó “semiosis”. El pensamiento en cuanto signo es interpretado y desarrollado en el pensamiento subsiguiente, y estamos así inmersos en un proceso infinito de semiosis que no es automático, sino que requiere la intervención de la imaginación, pues podemos determinar, hacer crecer y clarificar más los signos en ese proceso. El hombre en cuanto sujeto semiósico está siempre sujeto a la posibilidad de crecimiento.
Peirce elaboró muchas clasificaciones de los signos. Desarrolló un complejo mapa de 66 clases de signos, de los que, como él mismo afirmaba, surgirían combinándolos más de 59.000 variedades. Sin embargo, la división de los signos a la que Peirce se refiere con más frecuencia y la más citada es la de icono, índice y símbolo. El icono sería un signo que representa a su objeto en función de una similaridad o parecido con él, como por ejemplo, un retrato o una raya de tiza que representa una determinada línea geométrica. Un índice sería un signo que es afectado por su objeto, es decir, que se refiere a él por una compulsión ciega; por ejemplo, un agujero de bala en la pared, una veleta o las huellas en la arena de alguien caminando. Un símbolo es el signo que representa a su objeto en función de una ley o convención, de una conexión habitual. Sería el caso, por ejemplo, de cualquier palabra y su significado.
Realismo científico y teoría de la verdad:
Peirce era principalmente un científico. Durante años desarrolló su actividad profesional en una institución científica, estuvo siempre interesado en las cuestiones de historia y metodología de la ciencia y sus informes a la CoastSurvey constituyen un testimonio notable de su amplia experiencia personal en el duro trabajo de medir y obtener evidencias empíricas. Su dedicación práctica a la ciencia durante largos años le permitió experimentar y teorizar acerca del método científico y de la lógica del descubrimiento. Como escribió Max Fisch, «Peirce no era meramente un filósofo o un lógico que ha estudiado cuestiones científicas. Era un científico profesional con todo derecho, que llevó a su trabajo las preocupaciones del filósofo y el lógico»:
Peirce sostenía una visión del conocimiento y de la ciencia profundamente anticartesiana y enemiga de todo fundacionalismo. Propugnaba que el conocimiento debe empezar en la experiencia, pero no entendida como “experimentalismo” o como primeras impresiones de los sentidos, sino como todo aquello que encontramos al enfrentarnos con el mundo: “la producción mental completa”. No podemos partir de una duda fingida ni de condiciones artificialmente creadas, sino que la investigación de cualquier género debe comenzar con una pregunta, con una duda real, y debe concluir estableciendo una creencia que responda a esa cuestión y que se convertirá, de acuerdo a la concepción pragmatista, en un hábito de acción. Para Peirce, no es posible un conocimiento en el vacío o que no dependa de otros conocimientos anteriores. En ese sentido, todo conocimiento tiene carácter inferencial, y depende de la experiencia y de la situación concreta de la que se parte. No es posible tampoco, tal y como afirmaba ya en 1868, un conocimiento intuitivo o introspectivo.
En el artículo de 1877 titulado TheFixation of Belief, Peirce afirma que existen cuatro métodos para desarrollar la investigación: el de tenacidad (el método del hombre que se aferra a sus propias creencias y rechaza toda duda), el de autoridad (la aceptación de lo que otros nos imponen), el método a priori (el de creer lo que se tiende a creer de acuerdo a la propia razón) y el de la ciencia. Sólo el método de la ciencia, afirma Peirce, está basado en la experiencia y presupone la existencia de la realidad, es decir, de cosas reales, independientes de nuestras opiniones, que afectan a nuestros sentidos según leyes regulares. El método científico supone que podemos saber cómo son esas cosas, y que cualquier hombre con la suficiente experiencia y razón llegará a la misma conclusión. El método científico es el único que, por estar basado en la experiencia, posibilita el acuerdo entre todos los hombres.
Por tanto, la noción de investigación científica de Peirce, que no se reduce a un mero experimentalismo y que sirve para investigar cualquier aspecto de la realidad, tiene como su fundamento el realismo. Peirce no es un idealista, como a veces se le ha considerado, sino que su trayectoria intelectual puede considerarse como una evolución hacia el realismo. Lo real es para Peirce aquello que es independientemente de lo que nosotros podamos pensar sobre ello.
La verdad será para Peirce aquella opinión final en la que todos los investigadores coincidan. No es independiente del pensamiento en general, pero sí de lo que un individuo pueda pensar en un determinado momento, aunque en cuanto individuos podemos acercarnos más o menos a la verdad. La verdad se construye entre todos, y depurando nuestra investigación de los errores vamos avanzando hacia ella. La idea de ciencia y de verdad en Peirce están marcadas por su carácter cooperativo y falibilista. Aunque nuestro conocimiento es esencialmente falible y siempre hemos de estar dispuestos a abandonar nuestras creencias para sustituirlas por otras que se muestren más certeras, podemos avanzar en el conocimiento como miembros de una comunidad de investigadores.
Abducción y metodología de la ciencia:
El estudio de la metodología científica constituyó uno de los principales intereses de Peirce a lo largo de toda su vida. Como otros pensadores del siglo XIX, Peirce sostenía el carácter autocorrectivo del razonamiento científico, en particular de la inducción: el uso sostenido del razonamiento inductivo haría a largo plazo que el error fuese eliminado y quedara la verdad. Sin embargo, para Peirce la inducción forma sólo una pequeña parte del método científico, que viene principalmente caracterizado por el tipo de inferencia que denomina “abducción”.
El motor de la investigación científica reside para Peirce en una peculiar operación de la mente por la que surge una conjetura o hipótesis capaz de explicar los fenómenos de la experiencia que nos sorprenden. La abducción consiste «en examinar una masa de hechos y en permitir que esos hechos sugieran una teoría» Se trata de un razonamiento mediante hipótesis, un fogonazo, una intuición (insight), de una manera de razonar que combina la lógica con el instinto y que entraña una novedad. Aunque no sería posible sin conocimientos previos, Peirce le otorga un carácter originario y afirma que es la única manera en que puede entrar algo nuevo en nuestro conocimiento.
La abducción permite que la creatividad y el nuevo conocimiento se hagan presentes en la investigación, sin embargo, por sí sola no podría dar lugar al efectivo avance de la ciencia, que sólo se produce mediante el desarrollo de la metodología científica completa. El primer paso de esa metodología comienza en la experiencia: se observan los fenómenos y, ponderándolos, se alza una conjetura que aparece como una posible explicación. Pero esa hipótesis, que aparece ante el investigador como algo plausible y que despierta en él una inclinación a creer, ha de ser probada. A la fase abductiva, que supone el surgimiento de la hipótesis creativa, ha de seguirle la fase deductiva, en la que a partir de la hipótesis se infieren, a través de un análisis lógico, una serie de predicciones experienciales. La tercera fase sería la inductiva, en la que esas predicciones deben ser comprobadas empíricamente. Esa última fase nos dirá «si la hipótesis es lógicamente correcta, o si requiere alguna modificación no esencial, o si bien debe ser rechazada por completo». Si la hipótesis es rechazada, las pruebas experimentales funcionan como base para formular una nueva hipótesis.
La mejor justificación del razonamiento abductivo, afirma Peirce, es la asombrosa frecuencia con la que acierta, tal y como nos muestra la historia de las ciencia. Y eso es posible, afirma, por una peculiar sintonía entre la mente del investigador y la naturaleza, por un instinto o luz natural que permite al hombre acertar con la respuesta adecuada:
Esta facultad es (…) de la naturaleza general del instinto, parecida a los instintos de los animales en que sobrepasa por mucho los poderes generales de nuestra razón y en que nos dirige como si estuviéramos en posesión de hechos que están completamente más allá de nuestros sentidos. Se parece también en su pequeño riesgo de error; pues aunque se equivoca más a menudo que acierta, sin embargo la relativa frecuencia con que acierta es en su conjunto la cosa más maravillosa de nuestra constitución.
No se trata de una facultad mágica ni es suficiente para determinar nuestras adivinaciones específicas, pero ese instinto permite que el hombre sea capaz a largo plazo de descubrir la verdad. El ser humano se encuentra en armonía con el mundo: hay una cierta conmensurabilidad entre la mente del investigador y las verdades del universo. La mente es continua con el resto del cosmos y no hay nada que sea radicalmente incomprehensible.
Cosmología evolutiva y razonabilidad:
Peirce no eludió las cuestiones metafísicas. Aunque en ocasiones se ha querido hacer de él un positivista por su énfasis en el método científico que parte de la experiencia, por su devoción a las matemáticas y por su formulación de la máxima pragmática, que suena a principio de verificación, no puede ocultarse sin embargo que en la obra de Peirce existe una atención a los problemas metafísicos y cosmológicos tradicionales. Lejos del rechazo típico del positivismo hacia esos problemas, Peirce trató de afrontarlos desde su propia perspectiva, de un modo nuevo y creativo.
Para Peirce, el universo es una mente en constante evolución, igual que lo está la mente humana. Peirce se oponía a una filosofía mecánica y determinista y sostenía que hay tres elementos que se combinan en la evolución del universo: el azar, la ley y la formación de hábitos a través del amor, siendo éste último el motor principal que unifica a los otros dos. Peirce afirma en un misterioso texto de 1893 que el amor considerado desde un punto de vista superior, tal y como según él hace San Juan, puede considerarse como la fórmula evolutiva universal. El amor, afirma Peirce, reconociendo gérmenes de amabilidad en lo odioso los lleva gradualmente hacia la vida y los hace amables. Ese es para Peirce el tipo de evolución que reclama el principio de continuidad (sinejismo), que preside el universo y que para él era más un principio regulativo que una doctrina metafísica última y absoluta.
El ser humano está inmerso en el universo que evoluciona y tiene su propia tarea dentro de él, la de ir encarnando la razonabilidad a través de la abducción, convirtiendo en razonables las acciones y pensamientos en los ámbitos en los que puede desarrollar su autocontrol. La Razón es un ideal de naturaleza evolutiva, lo único admirable por sí mismo y no por ningún motivo ulterior, afirma Peirce. Esa es la tarea creativa que el hombre tiene ante sí: hacer que crezca la razonabilidad en el universo de distintas maneras, y al hacerlo estamos siendo parte de la tarea de la creación. Escribe Peirce: «Estamos todos poniendo nuestros hombros en la rueda para un fin que ninguno de nosotros puede más que vislumbrar —ese en el que las generaciones están trabajando. Pero podemos ver que el desarrollo de las ideas encarnadas es en lo que consistirá». La antropología de Peirce adquiere aquí tintes religiosos. Perseguir el ideal de la razonabilidad a través de sus acciones permite al hombre participar en la creación y le confiere la capacidad de transformar la faz de la tierra. El ser humano se convierte a través de la conducta deliberada en uno de los agentes naturales de la evolución, forma parte del universo, que Peirce ve como una manifestación del poder creador de Dios, como una gran obra de arte, un poema, «un gran símbolo del propósito de Dios», e interactúa con él:
La creación del universo, que no tuvo lugar durante una cierta semana atareada, en el año 4004 A. C., sino que está sucediendo hoy y nunca se acabará, es este mismo desarrollo de la Razón. (…) Bajo esta concepción, el ideal de conducta será ejecutar nuestra pequeña función en la operación de la creación echando una mano para volver el mundo más razonable en cualquier momento; como se dice vulgarmente, ‘depende de nosotros’ hacerlo.
Cada persona puede elegir entonces promover lo mejor que pueda el crecimiento de la razonabilidad concreta en el mundo y así completarse a sí misma, o puede decidir actuar perversamente y tener éxito en destruirse a sí misma, haciendo que sus acciones sean cada vez menos “humanas”.
Ideas religiosas:
Peirce estuvo a lo largo de toda su vida interesado por las cuestiones religiosas. Su padre, profundamente religioso, profesaba el unitarianismo, aunque algunas de sus opiniones, formadas bajo la influencia de Louis Agassiz y del científico y místico sueco Emmanuel Swedenborg, fueron vistas como poco ortodoxas dentro de la Iglesia Unitaria. Esa actitud religiosa de su padre tuvo gran influencia en Charles Peirce y es la que explica en gran medida el carácter religioso presente en su pensamiento. Por influencia de su primera esposa, MelusinaFay, Peirce se adhirió a la Iglesia Episcopaliana en 1862, lo que supuso su paso del unitarianismo al trinitarianismo, que es la versión norteamericana del anglicanismo. Fue considerado en ocasiones como poco ortodoxo, y a menudo mostró un notable desprecio hacia las teologías y metafísicas enseñadas en los seminarios de Nueva Inglaterra y por las formas a veces rutinarias de las religiones organizadas. Sin embargo, Peirce tuvo fuertes convicciones religiosas.
Ese espíritu religioso de Peirce está presente en su filosofía, que es profundamente teísta. La idea de Dios es una referencia constante en su pensamiento. Peirce destacó siempre la unidad entre ciencia y religión. El verdadero método científico no estaba para él en contradicción con la religión, sino que por el contrario existía una unidad subyacente entre ambos. A lo largo de su vida, Peirce trató de destacar esa unidad frente a quienes afirmaban que ciencia y religión hablaban dos lenguajes distintos. Entre ambos campos del saber no existía para Peirce contradicción sino que, por el contrario, sostenía que se apoyan mutuamente en lo que sería una continuidad de instinto, sentimiento y razón. La ciencia, sin las formas emotivas y experienciales de la religión, sería mero cientismo, una teoría ineficaz y sin inspiración, y la religión sin ciencia se convertiría en ciega e incapaz de crecimiento.
Peirce trató incluso de aplicar su peculiar metodología científica al estudio de la cuestión de Dios y desarrolló esa aplicación en un artículo de 1908 titulado Un argumento olvidado en favor de la realidad de Dios. Peirce sostenía en ese artículo que la idea de Dios no puede surgir de un razonamiento estricto, sino que al igual que en la ciencia es precisa una cierta experiencia: «En cuanto a Dios abre tus ojos —y tu corazón, que es también un órgano perceptivo— y lo ves» Para demostrar la realidad de Dios, según Peirce, será precisa una peculiar combinación del proceso de argumentación racional y de la vitalidad de la experiencia. Para Peirce la creencia en la realidad de Dios es un producto natural de la abducción, que surge, como toda hipótesis, a partir de una peculiar experiencia. La hipótesis de Dios nos atrae de tal modo que surge una creencia en su realidad, y esa creencia se convierte en guía para nuestra conducta. Las consecuencias prácticas vienen a confirmar así, de acuerdo al pragmaticismo, la realidad de la hipótesis.
Esa unidad de ciencia y religión era tan profunda que el Peirce maduro llegó a considerar la investigación científica como una clase de tarea religiosa. En un significativo texto de 1905 Peirce habla sobre el objetivo de la vida de los hombres de ciencia, «que son comparativamente pocos y que no pueden concebir en absoluto una vida para el disfrute y desprecian una vida de acción», como «el de adorar a Dios en el desarrollo de las ideas y de la verdad». Peirce habla del descubrimiento como de un “familiarizarse con Dios”.
APRECIACION CRÍTICA:
Este personaje se baso mucho en la filosofía y la religión y aplico mucho el razonamiento inductivo en la mayoría de sus temas de investigación
No hay comentarios:
Publicar un comentario